Álter Ego (Quimigramas)

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A pesar del debate contemporáneo sobre las tirantes relaciones entre la fotografía y la realidad, avivado por la rápida universalización de la tecnología digital, en términos generales sigue costando trabajo no creer lo que se ve, no rendirse a la contundente y cada vez más sofisticada evidencia de la imagen fotográfica.

La serie Alter ego nace como una reflexión sobre este tema a partir de dos elementos básicos: el cuerpo y el fotograma; lo que somos, la insoslayable frontera que separa nuestro espíritu del mundo exterior, y su registro sobre papel fotosensible. El fruto de los primeros experimentos resulta, para mi sorpresa, muy alejado de las imágenes reconocibles que cabría esperar de una trascripción directa de la realidad. Las improntas dejadas por mi rostro, en teoría trasuntos fidedignos de mi fisonomía, apenas guardan semejanza con la imagen de mí mismo a que me tiene acostumbrado el espejo. Más aún, no solo carecen de verosimilitud como huellas fiables de la realidad sino que, paradójicamente, exudan un inquietante simbolismo.

Alter ego alcanza aquí su punto de inflexión. Superada la falacia del rastro fotográfico, libre de las ataduras de “lo real”, empiezo a manipular sin reparos los procesos químicos y me aventuro en una investigación casi febril de mis otros “yo”, de esos seres espectrales, turbadores, misteriosos, para mí hasta entonces desconocidos, que surgen de los rincones más oscuros de mi ser. Obtengo como resultado imágenes de fragmentos corporales y entes suspendidos en el espacio que evocan fuerzas primigenias y traen a la mente ritos arcaicos, pinturas primitivas, fósiles o paisajes indescifrables.

De este modo Alter ego deja atrás el debate de la verdad para convertirse en un instrumento de escrutinio del “yo”. Por medio del papel y la química elaboro una metáfora de mi propio ser y, por extensión, de las corrientes ocultas que empapan las entrañas de la humanidad.